
Sobre mis hombros, que ya nada sostienen
el revuelo de tu respiración aún agitada,
como una cuerda pulsada hace ya tiempo,
antes, mucho antes de esta levedad que el aire llama
como las ropas mojadas a la desnudez del alma,
mientras mi mano juega con tu pelo que a qué huele,
puntual, puntual, pese a la terrible lentitud de los días.
****************************************(Nota 5)
Por nuestra manera de caer uno en el otro
la lluvia en la ventana nos pide que abramos
un resquicio aunque sea, esa grieta,
por donde la hiedra se asoma a la intemperie:
no son pasos los pasos que por fin se alejan
sino el roce de las ramas contra el muro,
nuestro propio jadeo hasta el límite del llanto.
*********************************(Nota 7)
Me asomo a través tuyo:
¿éste es el mundo?, te pregunto
¿el jazmín del país florece todo a tus pies?
¿Hila el mirlo la música a tus espaldas toda?
Bajo un techo de incendios ocres, vientos rojizos
se entrelazan como brazos que el aire mece.
*****************************(Nota 28)
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de Notas al pie de nada ni de nadie.
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Vuelven, se van pero vuelven, caen al mar pero se elevan por los cielos, son nuestra sombra, y se expanden de noche pero, al mediodía, se agazapan bajo nuestros pies y, cuanto más los pisoteamos, más se aferran a nuestro desprecio y por la noche vuelven: a qué, me pregunto, si el cielo, desencajado, se detiene en esos ojos que, abiertos para siempre, lo contemplan desde abajo: ni él ni nadie entiende qué son esos cuencos vacíos, abandonados por la marea en la playa con todo un gesto de puntual desmesura, extrañas caracolas orladas de espumas y arenas y algas y rumores en las que anida el rocío y crece la niebla y se cuela la lluvia pero donde, vaya a saber por qué, nunca se detienen a beber los cormoranes: espanta que no cese el murmullo de chillidos salobres y graznidos caídos de un vuelo salvaje y gritos ahogados y llantos de madre, que nunca, allá lejos, “¿lejos de dónde?”, terminan de saciar la sed.
*****************de Notas al pie de nada ni de nadie.
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Su fuego en la tibieza
Todo el poder nace de un sueño y de la punta de una flecha
y entre página y página cabe toda la espesura del mundo:
los caballos cruzan los ríos y los montes como si fueran capítulos de un libro
y en medio del combate se abre camino un suave prado
donde el otoño, más allá de los hombres caídos,
más allá de los aceros mellados, empalidece delicadamente el pasto
y ruboriza de amor las mejillas:
todas las ramas del bosque se unen para albergar esta pasión,
todos los arroyos espejan la luz para que llegue hasta el fondo:
entre los árboles aún está el niño que expropia y se enamora y se desangra
y una lluvia de flechas asegura la victoria, implacable como el tiempo,
más terca que la bota que ahora patea el estante.
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La encendida calma
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Cegados de saliva y lluvia, sudorosos,
¿sos vos la mañana ese hilo amarillento,
esa costura hilvanada con prisa, azarosa,
sobre un cielo para siempre desgarrado?
*
Entre las plantas aún es de noche
para los labios
húmedosde rocío
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Alberto Szpunberg es licenciado en letras, nació en 1940 en Buenos Aires. En 1973 se desempeñó como director de la carrera de Lenguas y Literaturas Clásicas y profesor de Literatura argentina y Medios de comunicación y literatura en la Universidad de Buenos Aires. Fue redactor del diario La Opinión de Buenos Aires y dirigió su suplemento cultural de 1975 a 1976, cuando se exilió en Barcelona. Desde 2001 es profesor de Literatura y Política en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo.
Participó en varias antologías de su país y del extranjero, entre otras:
Los Nuevos (1968)
Poesía social del siglo XX (1971)
Ha ganado varios premios nacionales e internacionales, como:
El Premio Internacional de Poesía Antonio Machado 1993/94 por Luces que a lo lejos. Mención en el concurso de Casa de las Américas, por El che amor
Premio Alcalá de Henares de poesía 1983, por Su fuego en la tibieza
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Sus obras:
Poemas de la mano mayor (1962)
Juego limpio (1963)
El che amor (1966)
El paso atrás (1983)
Su fuego en la tibieza (1981),
Apuntes (1987)
Luces que a lo lejos (1993),
La encendida calma (2002),
Notas al pie de nada ni de nadie (2007) El libro de Judith (2008)
Publicó, además, Poesía y prosa místicas en la literatura española, ensayo y selección de textos místicos cristianos, musulmanes y judíos
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Dice: “La conciencia se ilumina con la poesía, el conocimiento de uno mismo también se ensancha. Esa llamita es una manera de ser, de vivir”.
“La poesía es siempre iluminadora “porque trabaja con la palabra y la palabra es la conciencia. Si un marciano llegase a la Tierra y volviese a rendir un informe sobre lo que encontró en nuestro planeta, seguramente diría que hay animales que hablan.”
“La poesía hace más fluido el lenguaje. Me gustaría imaginar un poema que sea como un sistema solar, como una galaxia, con un centro que irradia unidades y que cada unidad va irradiando nuevas, y que está siempre en expansión.”
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Invitado a Poesía en Recoleta el martes 27 de noviembre de 2007
Invitado a Literatura Viva el 17 de octubre de 2008
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Notas al pie de nada ni de nadie
*** Con este libro, dedicado a sus amigos de militancia, Szpunber dialoga consigo mismo. Retoma uno de sus poemas más famosos, Marquitos, que forma parte del libro El che amor, de 1966. En una nota del diario Página 12, el poeta comenta que Notas… está inspirado en un compañero, con el que hizo la secundaria y la facultad: “Con ese compañero nos unimos a la juventud comunista y rompimos y nos fuimos con la fracción guevarista; él fue mi contacto con el Ejército Guerrillero del Pueblo, él subió al monte salteño y allí murió. Yo no alcancé a hacerlo, cuando faltaban unas semanas para la reunión, allá por marzo de 1964, el campamento cayó. Toda esa experiencia juntos es que intenté recoger como pude en ese poema que tuvo una gran repercusión y me lo he encontrado reproducido en muchas antologías de la poesía hispanoamericana, supongo que porque ha sabido recoger un momento muy particular de la historia del continente. El poema habla de alguien que literalmente se arma, arma su propio cuerpo, se convierte en una fortaleza inexpugnable, y tira, y resiste”:
*** Él se veía con las manos la cabeza / los pies ambos codos todos caídos / es decir miraba pasar las nubes / los pájaros las hojas y era hermoso / vinieron después los compañeros a decirle / tiemblen que soplan vientos fuertes / entonces él tomó la tarea / de reincorporarse armarse componerse / apiló su cabeza las manos ambos codos / los pies y desde arriba / barría los pájaros agujereaba las nubes / bajaba las hojas y era hermoso / entre todos sostenían los sueños / y él tiraba tiraba fortificado.
*** Es un libro reflexivo que avanza en dos líneas paralelas. Porque unas notas al pie, más líricas, acompañan a largos fragmento de prosa poética, donde el poeta reflexiona sobre la realidad que vivió en la década del ´60 y el ´70 y que tiene que ver con la militancia política y que es recuperada como un largo poema de amor.
*** Dice Szpunberg en la nota mencionada: “Sentía que algo tenía que decir de ese poema, de ese mundo, de esa historia que habíamos vivido. Pero de repente empecé a escribir poemas de amor y uno de los poemas se transformó en esta primera parte. Para mí la gran deuda de la izquierda es la autocrítica. Creo que la izquierda no termina de hacer esa autocrítica tan necesaria porque la derrota no es sólo argentina sino que es mundial, es la derrota del proyecto que nació en la Comuna y que se vino a pique. Pero no me lo planteé como una autocrítica política sino como algo poético.”
***Las críticas de Szpunber apuntan contra el foquismo y contra la nostalgia: No sé si se puede hablar de autocrítica poética, pero veía en ese poema, Marquitos, una estructura foquista, como si el foquismo y el voluntarismo estuvieran en la estructura misma del poema. Previo a la conciencia de la derrota, para mí hubo un momento anterior importante que fue ajustar cuentas con la nostalgia “Me harté de la nostalgia y empecé a buscar caminos nuevos. Sobre todo me harté de la nostalgia cuando vine por primera vez al país, después del exilio, y me di cuenta de que volver es imposible. Eso de que siempre se vuelve al primer amor es un tango, pero no es cierto. Uno tiene muchos amores, incluso si uno sigue amando a la misma persona, esa persona nunca es la misma. Ninguno es el mismo. Me cansé de esa nostalgia y del extrañamiento, tan comunes entre los exiliados, y escribí Luces que a lo lejos.”
***Luces que a lo lejos, de 1993, que recibió el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado se planteó el desafío de convertir a la nostalgia de pasado en nostalgia del futuro, porque las luces que a lo lejos también son las que se vislumbran hacia adelante”, dice en otra entrevista. Para enfrentar la nostalgia, Szpunberg da un paso atrás y retoma lo escrito. Así lo hace en Notas al pie de nada ni de nadie:
***Igualmente, pese a todo, con esa misma demora, por ese mismo apremio, junto al río más ancho del mundo, al pie de los barcos herrumbrados del Dock Sur, yo –“Pedro, me puse Pedro”* -, yo escribí Él se veía con las manos la cabeza los pies ambos codos, una mañana en que leí el diario y ese puñado de consonantes eran él y me dijeron ellos, “es él”, todos caídos, agregué, es decir, miraba pasar las nubes los pájaros las hojas y era hermoso, como esa miel de la música en los labios que nos tienta con palabras y nos abre los ojos -¿”abiertos para siempre”?- a lo que entonces y todavía o nunca sabremos ver.
***Y la nota al pie:
***Nos miramos a los ojos, nos reímos/ nos tenemos en la punta de la lengua, pero sólo somos los nombres que elegimos,/ escritos al dorso de nuestras vidas/ replegadas en un papel de cigarrillo/ que, con suerte, fumaremos esta noche.// Ahora, de a uno, por turnos, partimos.// En la galería, entre jazmines y malvones, / la abuela nos sonríe sin vernos, absorbida, / por la infinita bufanda que teje.
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