valknutr

Un valknutr es un nudo borromeo donde cada parte se sostiene en la otra y todas en el vacío.

11.5.09

Paulina Vinderman - Hospital de veteranos


Nació en 1944 en Buenos Aires, ciudad donde reside. Obtuvo, entre otras distinciones, el Tercer Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires (bienio 1988-89), el Segundo Premio Municipal (98- 99), el Premio Nacional Regional de la Secretaría de Cultura de la Nación (cuatrienio 93-96), los Premios Fondo Nacional de las Artes 2002 y 2005, el Premio Letras de Oro 2002, Honorarte, a escritor destacado y El anillo del arte a mujeres notables, 2006. Ha sido incluida en numerosas antologías y traducida parcialmente al inglés, al italiano, al francés y al alemán. Sus poemas fueron, además, objeto de estudios y ensayos. Ha colaborado (con poemas, artículos y reseñas literarias) en publicaciones del país y del exterior. Colaboró con Nina Anghelidis en la traducción al castellano de " Votos por Odiseo", de la poeta griega Lulita Lliopulo y tradujo a Sylvia Plath, Michael Ondaatje, John Oliver Simon (Berkeley, USA), entre otros.
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Publicó los siguientes libros de poesía:
Los espejos y los puentes, Buenos Aires Sur, Buenos Aires, 1978.
La otra ciudad, Botella al Mar, Buenos Aires, 1980.
La mirada de los héroes, Botella al Mar, Buenos Aires, 1982.
La balada de Cordelia, Fundación Argentina para la poesía, Buenos Aires, 1984.
Rojo junio, Literatura Americana Reunida, Buenos Aires, 1988.
Escalera de incendio, Último Reino, Buenos Aires, 1994.
Bulgaria, Libros de Alejandría, Buenos Aires, 1998.
El muelle, Alción Editora, Córdoba, 2003.
Cónsul honoraria, antología personal, Vinciguerra, Buenos Aires, 2003.
Transparencias, Antología, Arquitrave Ediciones, Bogotá (Colombia), 2005.
Hospital de veteranos, Alción, Córdoba, 2006.

El vino del atardecer, Antología, El surí porfiado, 2009.


Paulina Vinderman fue invitada por primera vez a Literatura Viva 17 de noviembre de 2005, cuando se refirió a su libro El muelle. El martes 24 de abril de 2007 fue nuestra invitada en Poesía en el Living de Recoleta. El 19 de julio de 2007 se refirió en LV a su nuevo libro Hospital de veteranos. En mayo de 2009 nos hablará de El vino del atardecer.

Poemas

1
La ventana del hospital
da a un baldío espeso de pasto y de botellas rotas
(como cicatrices de batallas).
Un sauce milagroso crece en la esquina que
da al cuartel.
Hospital de otro siglo, el dolor que me ata
a la silla despintada también es de otro siglo.
Las enfermeras corren con los orinales
por corredores hundidos y no reparan en él.
No estoy acá para curar mi vieja herida ni mi insomnio.
Soy hija, se supone que las hijas tienen salud.

En plena noche los azulejos blancos destilan
una luz primitiva. Puedo seguir un camino entre las
camas sin titubear.
Esa es mi luna, también la que imagino
sobre las botellas como un spot.
Comprendo su soledad (sin hermanos)
en medio del cielo.
Comprendo las mareas, comprendo a la locura
como un exceso de blanco.

He sido amada (no comprendida),
he sido aquel perro solitario de mi primer poema,
que atravesó la calle para ser mi amigo.

"¿Podríamos jugar mañana, cerca del sauce?"

El amanecer está en un punto muerto,
suspendido por una memoria que semeja un barco
sin mascarón de proa.

(Igual que mi vida).

2
En estos días nunca despierto del todo,
me siento en el borde del sueño
a punto de caer de bruces, y me dedico a
espiar el cuento en su final.
Hay una tormenta en la cabeza calva
sobre la almohada
y un patio desnudo en la mía.
La noche fue un pizarrón
donde escribí mi piedad más ordenada,
la más benigna.

Ojalá nevara.

El ruido de los jarros de aluminio
con el té con leche, es mi llamado en la
mañana, aclara mi mente tímida, mi
grave respiración.
El día es opulento,
lleno de manchas en el piso,
estoy atrapando el adiós:
el ojo de mi" halcón de vida",
"no por su ojo sino por su alegría"
piso la nieve que cae, en otro lugar.

3
El gato asoma por detrás de la tapia
entre los vidrios rotos.
Se eleva sobre la marejada de la memoria,
girando en el oscuro verano, cortando
los tallos que me sujetan a la tierra.
Sé que mi tibieza no le es suficiente, hay
demasiado miedo en nuestros pelajes revueltos.
Y en nuestro esfuerzo por vivir, no
queda tiempo para lunaciones.
Sólo una mirada celebratoria, un enlace
sin traducción bajo una luz perfecta.
Los vidrios parecen hierbas a la distancia
y el raído saco de hilo que me cubre,
azúcar sucia.
Nos iremos de inmediato a nuestros asuntos
por detrás de la vida,
como si ella fuera la tapia, o un telón suntuoso
(tierra de nadie entre bastidores).


de Hospital de veteranos, Alción, Córdoba, 2006

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*** Pisadas sobre vidrios y Hospital de Veteranos, son dos poemarios unidos en un mismo libro que tomó el libro del segundo. Pisadas sobre vidrios está construido a través de viajes exploratorios del dolor: “El tarareo del mar llega hasta mi hamaca / y el salitre hasta la máscara / de mi pobre memoria.” Y también: “Hoy vino la muerte. Desandamos juntas / el sendero hasta el cruce. / Es turbia y neutral, como el río, / como mi tazón de aluminio, como mi corazón / que es todo río.” Hospital de Veteranos describe una experiencia centrada en las figuras de la pérdida y el padre. Dice: “Heredé tus huesos y tu testadurez, / pero no tu miedo: ese foso en el cual hemos / nadado como perros sin dueño toda una vida. / (…) / …sé que te irás pronto, llevándote el foso, / el hermano que no tuve, —el secreto— donde / construí a tientas, a pinceladas de acuarela, mi valor.”; “Soy el guardián de mi padre, el guardián / del lenguaje, títulos nobiliarios sacudidos / por el temporal.”
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Hospital de veteranos – dicen en El Aleph- “es una potente obra en la que abundan delicadeza y audacia para trabajar sobre las pérdidas y la desazón (…) invita a creer en el dolor como catarsis creativa, ya desde el epígrafe de W.H. Auden que abre una de las partes del libro se nos advierte: “Believe your pain” (Creé en tu dolor).

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Escribe Paulina: “Soy una cámara disfrazada de mujer, / lo he olvidado todo menos este desvelo. / Me reduzco unos centímetros hacia la noche / y en mi diminuta habitación / me convierto en una tierra que sueña.” Hospital de veteranos intenta establecer una pausa en el tiempo en un viaje por lo deshabitado, por el dolor y la desazón de la pérdida, que es un constante movimiento hacia la luz: “Sé predecir la herida, / pero nada puedo hacer salvo escapar.”
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Dijo Jorge Ariel Madrazo en La Nación: “profundiza la melancolía y ahonda una mirada que consuma una hazaña doble: la de acariciar con minuciosa delectación cosas y seres de la llamada "realidad exterior" y recordarnos, al mismo tiempo, que para el poeta toda realidad es subjetiva, que el poema inventa un mundo paralelo al de afuera, no lo copia. Más sabia aún en su decir, y en su no-decir, la poeta susurra en este nuevo libro: "Los sueños no se siguen si no es hasta el final, me dije,/ los ríos no se siguen si no es hasta el final./ Y el viento se encerró en un cesto para que nada/ salvo yo misma, pudiera moverse en la amarilla opacidad...". La primera sección del poemario se titula significativamente "Pisadas sobre el vidrio": cautela y fragilidad reunidas, bajo un acápite de Michael Ondaatje que exalta las virtudes de esa ausencia recogida en el cuenco de las manos como si fuera agua; ausencia que es paradójico sostén de quien enfrenta el desierto. Vinderman retoma personajes en Hospital de veteranos, poema a poema, como si fueran hitos de una saga o viaje.” (…) "Guardiana de la palabra de la ley que alberga el sacrificio, la poeta hilvana imágenes austeras y entrañables para mentar la disolución, la rutina del dolor.”

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Entrevista a Paulina Vindeman sobre
"Hospital de veteranos"
--- por Lidia Rocha

PV: Hospital de veteranos está dividido en dos partes pero es un solo libro. La primera parte se llama Pisadas sobre el vidrio; la segunda, Hospital de veteranos. Las dos partes están unidas por un hilo, no tan invisible, y comparten una cita, un epígrafe de John Milton: “Mira hacia casa, ángel, ahora, y fúndete con la compasión”. Pisadas sobre el vidrio es una serie de postales imposibles, una especie de viajes –idas y vueltas- también imaginarios, no sólo reales. Y, en el fondo, Hospital de veteranos, es una fábula que tuve que crear para poder soportar la realidad, que es lo que suele suceder cuando escribimos. Inventé un hospital de veteranos, y coloqué allí a mi padre como un veterano de guerra. Lo demás fue escrito “en caliente”, por única vez en mi vida.

LR: ¿Cuántos corazones tiene Paulina Vinderman? En el libro se mencionan varios, por ejemplo, en el poema 1 de “Pisadas sobre el vidrio” hablás de un “corazón de viaje” el que comparás con “un alfiletero de franela roja”, que permanece inmutable (soporta pinchazos y pinchazos, y pinchazos…). En ese mismo poema aparece otro corazón: es el corazón vasija, que mide la compasión (p. 11). En el 3 ya se agranda el corazón: “es como el río” (turbio y neutral). Usás la misma metáfora del río (turbio y neutral) para referiste a la muerte, al río y a tu corazón, como si todos fuesen parte de una misma fuerza.

PV: Todos somos muchos corazones, creo. Somos muchos en uno. Somos muchos mundos en uno. El corazón de viaje es un corazón fuerte, un corazón que soporta todo: hambre, sed. He hecho muchos viajes de aventura, de verdad, desde los 20 años. Recorrí toda América del Sur en auto, en camión, en trenes, dormí en plazas. En fin, éste es el corazón fuerte… o la mujer fuerte. Después está la mujer absolutamente frágil que pisa sobre vidrios y se atreve a pisar sobre vidrio, porque en el fondo también es arriesgada. Y la que escribe, al que está distanciada y mira todos esos corazones. Y trata de manejarlos. Y trata de fabular con ellos. La que escribe es una voz en off, no soy yo exactamente.

LR: Nos confesaste que has viajado. Tenía mis sospechas al respecto. Me preguntaba: ¿se trata de viajes reales o imaginarios? Tantos muelles, tantos hoteles. Se confunde el viaje de le lectura, el viaje de la escritura, el viaje real. Se confunden la realidad y el ensueño. Decís: “abro las puertas imaginarias de la ciudad desconocida” (p.16) “ningún mar será más extenso que mi imaginación” (p.21) “Emily, que nunca vio el océano /salvo en la navegación de su alma”. De estos viajes por la literatura, tomás algunos souvenirs y los esparcís por tu obra entrecomillados. Y después tenés la gentileza, hacia el lector, de aclarar el origen de esas voces. De todas esas citas me interesó especialmente una de Álvaro Mutis que vos nombrás como “los elementos del desastre”. Y aparece la contraposición entre “desastre” y “detalle”. Hemos visto estos temas en poetas como Leonor García Hernando. ¿Hay para vos ese contraste entre caos y dolor, por un lado y un apaciguamiento hecho por las pequeñas y bellas cosas? Decís: “el orden del mundo es un esmeril”
[1] (p.15), “Soy un árbol clásico” (p.21) “escribí mi piedad más ordenada”, la más benigna (p.41) Quizás además de un filosofía de vida, me preguntaba, hay aquí una poética, porque (p.21) “el árbol clásico” es el orden la forma que hace que del incendio de la poesía pueda retenerse su iluminación pero no su daño, para no poner en peligro a los bosques cercanos.

PV: No hago intertexto. Son citas. No separo la poesía del arte, tampoco la separo de la literatura. Es un linternita alumbrando en oscuridad. Son interrogantes sobre más interrogantes. La única belleza que podemos encontrar es la del lenguaje, porque somos lenguaje. Y nos hacemos más humanos cuando más profundamente penetramos en el lenguaje. Creo que el poeta tiene que estar atenta a la “voz del lenguaje”, lo que se llamaba antiguamente inspiración o Musa. Lo que intentamos en el poema no es solamente encontrar una “verdad” sino acercarnos, reflexionar, volver a preguntar. Y en este camino hay contradicciones. Y se funden, como en la vida. Arte y vida no están separados tampoco. Me gusta fundir todo, por eso mis viajes parecen por momentos imaginarios, algunos lo son, algunos detalles lo son, me gusta mucho el juego de la imaginación, porque sino haría crónica. Y es otra historia. A lo mejor alguna vez lo hago. Me gusta la fusión, me gusta el collage, me gusta cómo se unen en la poesía y en la vida la maravilla y la miseria, el desastre y el orden, el caos y el orden, la flor al lado del charco lleno de aceite, la chatarra y el amor, las despedidas y las llegadas, todo se une, todo confluye y, en mi caso, todo va a parar al poema.

LR: La última reflexión. En realidad, lo que estoy haciendo no son preguntas sino pequeñas reflexiones. Así como el corazón es un alfiletero, un cuenco, un río… El hospital es una cárcel (Foucault) donde “miedo” es un idioma. Sin embargo, la voz poética dice, al ingresar a la “celda”: “la búsqueda del tesoro empieza aquí”, ¿de qué se trata este desafío lúdico? ¿Esta manera de plantarse frente a la adversidad? Decís también que te has vuelto salvaje como tu sombra y que nunca fuiste “un país guarnecido”. El miedo no sólo es un lenguaje, es un foso, sin embargo vos decís que de un miedo construiste un coraje (p. 49).

PV: Es una hermosa lectura la tuya, ¿qué más puedo agregar? Lo lúdico siempre está. Y, como dijo Inés Manzano, los juegos infantiles. La que escribe, la persona que escribe, ya no creo que género tenga, es una niñito, un niñito, de ocho años, que es la edad que tenía cuando comencé a escribir cuentos y no sabía que me iba a dedicar a la poesía después. Recupero la infancia cuando escribo. Creo que la poesía es un juego mayor, que el arte es un juego mayor. Y entonces puedo jugar aun cuando entre a un terreno tan desolador como un hospital, porque la vida es eso, porque aunque hable de la muerte hablo de la vida. Y están juntas, son inseparables.
***
[1] Hablando de esmeriles y precias preciosas… las piedras te atraen mucho Vine (a esta ciudad) “porque es de piedra muy antigua/ y sólo las piedras antiguas saben cantar” (p.24) “las piedritas del fondo (del río de la vida) son lo que importa (…) bellas piedras (p. 28)

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